Primero, la pregunta de fondo: ¿hay energía para más viviendas?

Faltan viviendas en España. El Banco de España calcula que desde 2021 se han acumulado unas 755.000 menos de las necesarias, y BBVA Research lo cifra en unas 700.000. Sea cual sea la cifra exacta, la pregunta es sencilla: si mañana existieran todas, ¿habría electricidad para ellas?

Hagamos la cuenta. Una vivienda media consume unos 4.600 kWh al año (el kWh es la unidad que ves en la factura de la luz). Multiplicado por 755.000 viviendas, salen unos 3.500 millones de kWh: el 1,4 % de toda la electricidad que consumió España en 2025. Para comparar, ese mismo año el consumo total de electricidad creció un 2,8 %, el doble. El país ya absorbió, en un solo año, el doble de la electricidad que necesitarían todas las viviendas que faltan.

Lo que sumaría construir todas las viviendas que faltan, frente a lo que ya creció el consumo en un año
Electricidad que consume España al año, en porcentaje.
Cálculo propio. Consumo de las viviendas: entre 90,3 y 92,0 TWh en 2025 (BBVA Research, a partir de aelec) entre 19.684.380 hogares (INE, 1 de octubre de 2025), unos 4.600 kWh por hogar. Consumo de España en 2025: 256.086 GWh, un 2,8 % más que en 2024 (Red Eléctrica). Déficit de 755.000 viviendas, según el Banco de España.

Entonces, ¿dónde está el atasco? En la red

Piensa en el agua. Un embalse puede tener agua de sobra, pero si la tubería que llega a tu barrio es estrecha, el grifo no sale con fuerza. Con la electricidad pasa igual: lo que se queda corto en algunos sitios no es la energía, sino la red de distribución, es decir, los cables y transformadores que reparten la luz por los barrios.

Conviene separar dos palabras. Energía es cuánta luz gastas en total, por ejemplo en un año. Potencia es cuánta pides a la vez en un momento dado. La red se construye para la potencia: tiene que aguantar el momento en que muchos vecinos cocinan, ponen el aire acondicionado y cargan el coche a la vez. BBVA calcula que una vivienda necesita de media unos 5 kW de potencia (kW son kilovatios: más o menos lo que piden a la vez un horno, una lavadora y un aire acondicionado).

Aquí está el problema. Según el informe que BBVA Research publicó en agosto de 2026, casi 9 de cada 10 puntos de conexión de la red de los barrios (el 88 %) tienen menos de 1 MW libre (un MW son mil kW). Con 5 kW por vivienda, 1 MW da para unas 200 viviendas: una promoción pequeña, no un barrio nuevo.

En total, el informe calcula que la red de distribución tiene libres unos 25.700 MW. Si se dedica a vivienda un tercio de esa capacidad, que es lo que consumen hoy los hogares, hay hueco para algo más de 1,6 millones de viviendas, más de las que faltan. El problema es que ese hueco no está siempre donde se quiere construir.

Dónde se nota: el ejemplo de Barcelona

El informe mira ciudad por ciudad. En Cataluña la situación es mejor que la media: el déficit de vivienda es de unas 130.000 y, según el cálculo, la red tiene hueco para más de un millón. Pero la media esconde diferencias entre barrios. Esto es lo que sale al comparar las viviendas previstas en los grandes desarrollos con las que cabrían con la capacidad libre de hoy.

Barcelona: viviendas previstas frente a las que caben con la red de hoy
Número de viviendas en grandes desarrollos del área de Barcelona. Capacidad teórica, no una promesa de conexión.
Viviendas previstas Viviendas que caben con la red actual
Datos: BBVA Research, agosto de 2026. Las viviendas que caben son un cálculo de BBVA con 5 kW por vivienda y un tercio de la capacidad libre dedicado a hogares. En Sants-Montjuïc suman la Marina del Prat Vermell (12.000) y Fira Montjuïc (500); en Sant Andreu, La Sagrera (11.000) y el ámbito Prim (3.360). La diferencia de 2.600 es nuestra resta.

En Sants-Montjuïc, donde están la Marina del Prat Vermell y Fira Montjuïc, hay unas 12.500 viviendas previstas y la red actual alcanzaría para unas 9.900: faltaría hueco para unas 2.600. En Sant Andreu, donde está La Sagrera, sobra capacidad. Son cálculos teóricos, hechos con las mismas hipótesis en todas partes. No son una promesa de conexión ni una denegación de nadie.

Cuando de verdad no hay hueco, el problema es real. BBVA cita el caso de Estepona, donde 72 viviendas terminadas se quedaron sin suministro eléctrico y no pudieron entregarse.

¿Por qué tarda tanto?

Ampliar la red para un barrio nuevo puede llevar de cinco a ocho años: hay que planificar, pedir permisos, hacer el estudio ambiental, conseguir el terreno para una subestación (la gran «caja» que reparte la luz a un barrio) y construirla. Y los relojes no van al mismo ritmo: los promotores denuncian que los permisos de acceso a la red caducan a los cinco años, mientras que sacar adelante un plan urbanístico puede llevar de diez a veinte.

Detrás hay un límite de dinero. Cada año, las empresas que gestionan las redes solo pueden invertir, y cobrar en la factura de la luz, hasta un tope: el 0,13 % del PIB en las redes de distribución. Según BBVA, la regulación de la pasada década limitó el desarrollo de la red a favor del equilibrio financiero, y eso frenó la inversión durante años.

Esto empieza a cambiar. El Real Decreto 640/2026, de julio, sube esos topes en 17.900 millones de euros hasta 2030. Ojo con la letra pequeña: es un techo, no un gasto. Permite invertir más, pero no obliga a construir nada. Y desde marzo, otra norma (el Real Decreto-ley 7/2026) da prioridad de acceso a la red a las actuaciones de vivienda. Falta que se desarrolle para saber cómo se aplicará.

Una advertencia: la red no explica la crisis de vivienda

Sería un error concluir que la red es la causa de que falten viviendas. BBVA lo dice con claridad: no es el factor que más frena la construcción. Pesan otros, como la escasez de suelo y de mano de obra, los trámites o el encarecimiento de la construcción. La red es un obstáculo más, y creciente, que conviene ver a tiempo.

Y si no es una vivienda, sino una fábrica

La misma red alimenta a la industria. El informe prevé que la demanda de electricidad crezca alrededor de un 45 % hasta 2030, por la electrificación de procesos industriales, el coche eléctrico y los centros de datos. Una empresa que necesite más potencia para ampliar su planta o electrificarla hace cola en el mismo sitio que una promoción de viviendas.

Mientras la red se amplía, hay una cosa que sí está en tu mano: aprovechar mejor la potencia que ya tienes. En la factura de una empresa, los picos (los pocos minutos en que se pide mucha potencia de golpe) obligan a contratar más potencia y a pagarla todo el año. Una batería recorta esos picos: la planta funciona igual, pero pide menos de golpe a la red.

Tiene un límite que conviene decir. BBVA recomienda impulsar el almacenamiento y la flexibilidad, pero «no como un sustituto de la expansión de la red». Una batería no arregla el atasco de un barrio, ni te garantiza que la distribuidora te conceda más potencia: eso depende de ella. Lo que sí puede hacer es ayudarte a pagar menos por la que ya tienes.

En el modelo Energy as a Service (EaaS) no pones el capital: el activo lo financia un fondo y el pago se integra en tu operación. BioEsol, fabricante y socio tecnológico de Vesta, se encarga del diseño, la instalación, la operación y el mantenimiento. Es un contrato a largo plazo.

Una cifra honesta, no una promesa Lo que ahorraría una empresa concreta depende de su curva de consumo real, de su contrato y de cuánta potencia pida en los picos. Eso no se puede saber sin mirar sus datos, y por eso aquí no hay un porcentaje de ahorro.

De dónde salen estos datos